Nil Moliner: “Mi mensaje es una invitación a ser feliz”

Nil Moliner lleva su 'buenrollismo' a la Sala Barts de Barcelona con todas las entradas vendidas

El positivismo de Nil Moliner no es postureo ni impostado. Impregna unas canciones que, poco a poco, va dosificando mientras sus fans esperan un primer disco que sigue sin fecha de salida y que tuvo como primer sencillo la luminosa (y rumbosa) canción El despertar. El artista de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona) actúa el próximo 8 de marzo en la sala BARTS dentro del Guitar BCN festival con la satisfacción de que las entradas llevan semanas agotadas. Eso sí, a él no hay quien le agote.

¿Tiene Nil Moliner un buen despertar?
Tengo un buen despertar, sí. Demasiado, diría yo. Soy de esas personas que se levanta de la cama riendo, súper mimoso… Me gusta mucho la mañana: el olor a café, a tostadas… Y cuanto más temprano, mejor.

Bueno, pero cuando ya ha salido el sol, ¿no? [Sale el sol es uno de sus hits]
[risas] Sí, sí. Tampoco hay que pasarse. Normalmente me levanto sobre a las 7.30. Es mi hora preferida para salir ya a la terraza y sentir el agradable frío de la mañana. ¡Oh, me encanta!

Por cierto, ¿quién es el amigo en cuestión a quien le cantas en El despertar: “Poco a poco vas a salir de aquí / sonriendo, empezando a vivir… / Descubriendo las maneras de vencer todas las fronteras/ siempre, me tendrás aquí presente“?
Pues un amigo del grupo. Uno de esos íntimos a los que le abres el corazón y él hace lo mismo contigo. Un amigo que lo estaba pasando realmente mal y por eso le comenté que tenía que cambiar su visión de la vida; que debía mirar hacia adelante. De hecho, ahí fui un poco cobarde: le envié la canción entera ya hecha y le dije, “tío, escúchate esto que es para ti”. No se lo creía: “¿Es para mí o me dices que me lo aplique?”. Y le contesté que la había compuesto pensando en él.

¿Y cuál fue su reacción? 
Bueno, darme las gracias porque realmente le cambió la vida. No sé si por mi canción o fue solo un granito de arena que le inspiró. Pero sí, ahora está súper feliz.

Primero lanzaste El despertar y, recientemente, Soldadito de hierro. Pero tu álbum de debut en solitario aún está por llegar. ¿De quién es la idea de ir desgranándolo así, poco a poco? ¿Tiene algo que ver con que la gente consuma más canciones que discos?
Si fuera por mí, a la que tenga el disco lo cuelgo entero. ¡Escuchadlo todo, entero, por favor! Pero entiendo que hay un timing, unas pautas a seguir, y que te has de acoplar un poco al mercado. Y ahora me empieza a gustar esto de ir sacando sencillo a sencillo e ir comprobando la reacción de la gente. Pasa un mes, y publicas otro. Creo que mola porque la gente también necesita cosas nuevas; está activa. Si lanzas un disco, ya lo has mostrado todo. Y surgen las dudas: ¿y ahora qué hago, acústicos? Mejor ir así, poco a poco. Al menos, me lo estoy creyendo. Me dicen que es lo que tengo que hacer y estoy convencido de que es guay. Además, es la forma de que la canción (el single) llegue más lejos, le demos más importancia en cada momento, sea la protagonista.

Vale. Pero no es habitual hacer conciertos como los que ofrecerás el 8 de marzo en BARTS y el 13 en Joy Eslava (Madrid) sin tener todavía el disco en el mercado.
Esto ya me pasó en la gira anterior. Presenté canciones nuevas y le decía a la gente: “esta canción es nueva, no está colgada en ningún sitio, a ver qué os parece”. Y la reacción fue increíble. El público fue muy respetuoso y disfrutaba de verdad de esa canción ¡en directo! Porque creo que la música, en realidad, es esto: el directo, no escucharla en casa. Esta reacción ante un tema nuevo es tan pura. Así que si funcionó en el tour pasado, en este también. Me gusta poner a prueba las canciones y tener en cuenta cómo la gente las recibe. Me va este rollo de a ver qué pasa.

Claro que vienes con el aval de ser considerado el artista pop revelación 2018 en España. Tu primer EP, Hijos de la tierra, alcanzó más de 8.5 millones de reproducciones, estuvo en el Top 5 de lo más vendido en iTunes España y te granjeó una primera gira por España con más de 23 fechas y más de 4.000 mil entradas vendidas en total. ¿Qué significan para ti todas estas cifras?
Significan mucho y nada. Emocionalmente, claro que al principio te supone un impacto que te digan que eres artista revelación.  Pero pronto piensas, ¿artista revelación? Si somos muchos los que estamos currando en esto, picando piedra. No creo que haya solo un protagonista. ¡Todos somos protagonistas en la música! Y a nivel de cifras, desde el primer momento no quise saber nada ni de visitas o seguidores en redes sociales ni de nada parecido. Ni siquiera cuántas entradas de los conciertos se han vendido. Porque esto te puede condicionar demasiado. Cambiar tu visión de las cosas. A lo mejor si a mí me dicen antes de actuar que hay solo tres personas, no voy a salir con la misma energía que si me dicen que hay 200. Cuando esas tres personas se merecen exactamente lo mismo: lo mejor de mí. Y, por ejemplo, ¿me voy a poner triste porque he perdido seguidores en Instagram? Nooo. No dejo que nada intoxique la esencia de mi profesión: la música. Y hago canciones y punto.

Y, antes, hacías versiones de artistas como Pereza, Fito & Fitipaldis, Dani Martín, M-Clan… ¿Qué sientes cuando compruebas que ahora eres tú el versionado?
Es muy fuerte. Hace poco estaba yo en casa cantando piezas de gente que me gustaba y ahora son otros los que hacen covers de las mías. ¡Wuau! Me hace mucha ilusión porque ves que la canción no solo llega a la gente sino que tiene ganas de hacérsela suya hasta este punto. Ganas de interpretarla. Y eso es mágico. Increíble.

¿Cuánto hace de eso? 
Pues menos de un año. Y fíjate cómo ha cambiado mi vida.

¿Y estás digiriendo bien este cambio? ¿Lo asumes?
No. Básicamente, no. No estoy asumiendo nada. Siempre modifico todo para que lo que me pase sea positivo para mí. Creo que no asumir nada me permite gozarlo más; que todo me venga de nuevo. Así, si mañana lleno una sala de cien personas y no de mil, pues qué bien. Porque ni siquiera he asumido que llené Bikini con 800 personas. Van pasando cosas, no me voy dando cuenta y todo me va quedando grande. Hay cosas, como el concierto de la Mercè de Barcelona, que me siguen pareciendo una pasada.

Empezaste tu carrera en solitario en el 2008, con tan solo 15 años, tocando en bares. ¿Hubo alguien en tu familia que te impulsó a dedicarte a la música? Y no fue hasta el 2013 que publicaste el sencillo Sale el sol. ¿Lo mejor y peor de esa época?
En verdad empecé con 11 años. Mi padre tocaba la guitarra, pero solo cuatro acordes que me los enseñó y fue cuando la cagó [risas].

¿Por qué?
Porque descubrí algo que me encantaba. Me gustaba tanto, que me apuntaron a música, estudié solfeo, guitarra clásica, después también batería… Pero tuve una mala experiencia con un profesor y seguí solo con las clases de batería con Armando, que fue quien me hizo recuperar el amor por la música. Toqué como batería en un grupo y mi primer concierto con una guitarra fue en un bar de mi pueblo haciendo covers para amigos y familiares. A todo este proceso hay que sumar que tenía una banda con la que cantábamos en catalán. Pero yo seguía con el gusanillo de mi proyecto en solitario. Grababa versiones en YouTube y un buen día me animé a tocarlos en directo. Pero fue duro, porque normalmente actuaba mientras la gente cenaba y me tenía que currar su atención. Al final acababan escuchándome. Una cosa que en realidad era mala, estaba ahí para conseguir dinero y poder pagarme un disco, acabó siendo algo positivo: la gente acababa levantándose de la mesa y se ponía a bailar. Y no solo eso: cogí tablas y trucos que ahora aplico en mis conciertos. Ahora sé cómo reaccionar ante situaciones similares.

¿Y cómo es que por fin te has decidido a tomar clases de canto?
Por fin he entendido lo importante que es cuidarse la voz, mi instrumento principal. Manu Guix, mi productor, fue quien me recomendó a mi profesor, Xavi Duch. Y con él estoy descubriendo todo un mundo. Es increíble. No me lo imaginaba. Al fin y al cabo, con las técnicas vocales trabajamos un músculo que utilizamos también cuando hablamos. Pero ahora sé cómo utilizarlo, cómo cuidarlo. Estoy incluso descubriendo mi cuerpo, como quien dice. Y descubrirse a uno mismo siempre resulta fascinante. Me lo paso muy bien.

¿Es cierto que tienes tatuada una magdalena en un brazo?
Sí, sí [se arremanga la chaqueta y me enseña el tatoo que luce en su antebrazo].

“Llevamos un tiempo en el que ser optimista casi está mal visto. O se malinterpreta. Pero mi canto al positivismo es de verdad. Mi mensaje es siempre una invitación a disfrutar, a ser feliz”

Pero… ¿por qué una magdalena?
Tengo unos amigos muy locos. Filosofamos de la vida y también nos divertimos mucho. Surgió la tontería de tatuarnos una magdalena y ahí que fuimos. De hecho, tenemos un grupo de whatsapp que se llama ‘Los Magdalenos’. Así que todos somos los magdalenos y vamos por la vida con este símbolo que nos une.

¿Y tienes más tatuajes?
Sí, este otro nos lo hicimos todos los de mi antiguo grupo, CyBee, porque nos llevamos muy bien. Aquí llevo escrito el nombre de mi hermana. Y aquí, el número 25: el día que nacieron mis dos abuelas. Cuando murieron, mi hermana y yo nos lo tatuamos juntos. Ambas nacieron el mismo día ¡y el mismo mes, febrero!

Tu música respira mucho buenrollismo. Término que a algunos les provoca directamente urticaria.
Sí. El otro día me dijeron que era Mr. Wonderful. Y le contesté, “mira, tío, si me conocieras verías que el mensaje que doy no es falso”. Llevamos un tiempo en el que ser optimista casi está mal visto. O se malinterpreta. Pero mi canto al positivismo es de verdad. Mi mensaje es siempre una invitación a disfrutar, a ser feliz. Porque yo mismo me he encontrado en situaciones que no me lo ponían fácil. He trabajado y he hecho de todo. Y desde que me dedico a la música disfruto de la vida desde otra perspectiva. Y me levanto riendo porque no tengo motivo para no hacerlo. Creo que todos deberían tener la oportunidad de ser felices y de aprovechar cada momento. En definitiva, mi positivismo es sincero. Y si no te gusta, pues no te juntes. Mi objetivo seguirá siendo hacer un poco más feliz a la gente cuando viene a verme.

Cuando dices que has trabajado de todo, ¿a qué te refieres? 
Pues he sido monitor de campus, de comedor, no hace ni un año que lo estaba haciendo, he trabajado de profesor de percusión, de guitarra… Tengo un estudio de grabación donde ahora hago canciones también para otros pero antes hacía bandas sonoras para anuncios, hice el diseño sonoro de una obra de teatro, grabé audiolibros… He hecho un poco de todo para ir sobreviviendo.

Y en este estudio, con nombre de mugido, Muu, ¿para qué otros cantantes has compuesto y con quién trabajas ahora?
Mira, ahora estoy con Miki de Operación Triunfo. He compuesto para Roy, también de OT. Y para Álex Ubago. Y nos hemos juntado y hecho cosas juntos con DVICIO…

¿Y cómo fue la experiencia de trabajar con Alfred? El hecho de que tu canción, cantada por él, Que nos sigan las luces, no llegara a Eurovisión, ¿te obligó a inyectarte muchas dosis de optimismo?
No, no. Para mí la música no es un concurso, es compartir. Sí, suena raro cuando una canción mía formó parte de un programa como Operación Triunfo, pero yo no participaba como concursante sino como autor. Le hice la canción a Alfred, le encantó, la cantó… Lo que pasó entonces da igual. El tema quedó de los últimos y mira la trayectoria que sigue teniendo. Ha sido Disco de Oro, Alfred lo canta y lo peta, yo lo canto y la gente lo recibe súper bien. Esto demuestra lo que te decía: la música no es un concurso. Que una canción quede primera o última no significa absolutamente nada.

¿Cómo definirías a Alfred en pocas palabras?
Es un tío muy peculiar. Músico. Carismático.

Nil Moliner conoce bien el poder de la amistad, de la música y del optimismo. Sus mensajes y su pop-rock-tropical son altamente contagiosos.   

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